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Decálogo de la serenidad

octubre 22, 2020
Decálogo de la serenidad

¿De dónde sacaba el Papa Juan XXIII esa asombrosa serenidad que le permitía no perder nunca la calma?  Años más tarde, cuando se publicó su Diario del alma, entendimos muchas de las claves de su vida.

Descubrimos que esa serenidad la sacaba, ante todo, de su alma de santo en contacto con el Sobrenatural, pero también de su inteligente sabiduría humana.

Concretamente allí, con ese libro, explicaba el Papa mucho antes de serio que él nunca se proponía las cosas a plazo largo, porque la idea de tener que hacer siempre una cosa le habría descorazonado, y que, en cambio, era capaz de hacer lo más difícil si se lo proponía sólo por doce horas, pero repitiendo cada día ese propósito.

A esta luz había escrito, de muy joven, este decálogo que hoy te ofrecemos:

1- Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente al día, sin querer resolver los problemas de mi vida todos de una vez.

Más fácil decirlo que hacerlo, por supuesto. Pero qué esfuerzo tan valioso realizar y qué bellamente dicho. Qué pasa si reduzco la velocidad y me enfoco en lo bueno que tengo frente a mí.

¿Qué pasa si no me preocupo por lo que puede o no pasar por mi camino?

Podría vivir de manera más simple, con más amor, más paciencia y una confianza más firme.

La lista continúa, tocando las cosas más esenciales que hacemos cada día y sugiriendo una forma de santificarlas, para convertir los momentos antes mediocres de nuestros días en algo sagrado.

2- Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé criticar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.

Es tan fácil criticar a otras personas y tan difícil dar un solo cumplido honesto. Es muy fácil verse a sí mismo bajo una buena luz y al mismo tiempo enfocarse en las imperfecciones de otras personas.

Pero criticar a las personas es una situación de pérdida total que solo crea distancia, propaga energías negativas y provoca tensiones. La crítica es uno de los peores tipos de pensamiento, conversación y actuación negativos.

Serenidad
Serenidad
3- Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.

Hay tanta sabiduría en estas sencillas palabras.

Cualquiera de estos, cuando se lucha por conseguirlo, produciría un cambio drástico en la vida de uno y marcaría el comienzo de una relación más estrecha con Jesús.

4- Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias.

No pretendas que las circunstancias se adapten a todos tus deseos.

5- Sólo por hoy dedicaré diez minutos a una buena lectura.

Recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6- Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

Desde luego, si sólo por hoy soy capaz de cumplir tres o cuatro de estos mandamientos, y si mañana repito alguno de estos y cumplo alguno más.

Pasado mañana hago míos otros dos o tres, terminaré teniendo no la serenidad de Juan XXIII (porque ocurre sólo dos o tres veces por siglo), pero sí la suficiente serenidad para ir cumpliendo mi oficio y ser feliz.

7- Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.

Si los pensamientos positivos son pensamientos creativos de conectar, compartir y amar, entonces el pensamiento negativo se compone de pensamientos y palabras y en consecuencia acciones que desconectan, excluyen y propagan el odio.

Tranquilidad
Tranquilidad
8- Sólo por hoy me haré un programa detallado.

Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9- Sólo por hoy creeré firmemente.

Aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la buena Providencia de Dios se ocupa de mí, como si nadie más existiera en el mundo.

10- Sólo por hoy no tendré temores.

De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad. Solo por hoy creeré firmemente, incluso si las circunstancias prueban lo contrario, la buena providencia del universo me cuida como nadie más existió en el mundo.

Solo por hoy no temeré. En particular, no tengo miedo de disfrutar lo bello y creer en la bondad innata de la humanidad.

En conjunto, son una fórmula para lograr ese llamado universal a la santidad que vino del Vaticano II, que el Papa San Juan XXIII convocó. De hecho, su fiesta es el aniversario de la apertura del Concilio, y no el día de su muerte.