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Decálogo de la fiebre

octubre 22, 2020
Decálogo de la fiebre

La fiebre constituye un motivo frecuente de consulta al pediatra de atención primaria y los servicios de urgencias. Y es motivo habitual para dar tratamiento sintomático, bien por indicación médica, bien por criterio de la familia o del personal de las oficinas de farmacia.

No obstante, el uso de antipiréticos en pediatría debe hacerse de una forma más racional y sabiendo su utilidad y sus limitaciones.

La fiebre no es una enfermedad; sirve para defendernos contra las infecciones causadas tanto por virus como por bacterias.

Sin duda, el papel del pediatra de atención primaria es educar sobre la fiebre a las familias. Debe tratarse el dolor o las molestias que causen un proceso febril y no la fiebre en sí misma.

Acerca de la fiebre que afecta a nuestros hijos, podemos determinar el siguiente decálogo:

1- La fiebre no es una enfermedad, es un mecanismo de defensa del organismo contra las infecciones, tanto las causadas por virus como por bacterias.

Es un proceso en el que la temperatura corporal normal se eleva por encima.

Los virus y las bacterias son responsables de diferentes tipos de enfermedades infecciosas, y para comprender sus mecanismos y los efectos potenciales de la fiebre, debemos saber cuáles son los patógenos.

La fiebre es un signo de enfermedad y una gran defensa contra la enfermedad. Su cuerpo produce fiebre para calentarse y matar los gérmenes sin dañar su cuerpo.

En los libros de medicina, la fiebre es una temperatura corporal igual o superior a 38 grados centígrados. Sin embargo, muchos pediatras consideran 101 grados Fahrenheit o más como la definición de fiebre una vez que tu hijo tiene más de 2 meses de edad.

2- La fiebre por sí misma no causa daño cerebral, ni ceguera, ni sordera, ni muerte.

Cuando el cuerpo de tu hijo haya logrado combatir un germen, la fiebre desaparecerá. Un agente para reducir la fiebre como el acetaminofén o el ibuprofeno disminuirá su temperatura temporalmente, pero la fiebre regresará si el cuerpo de tu hijo aún necesita eliminar más gérmenes.

No es necesario administrar un agente antifebril sólo para bajar la fiebre. No se recomienda tratar la fiebre a menos que tu hijo no pueda hacer las cosas que necesita para mejorar. Por ejemplo, si la fiebre impide que tu hijo beba o duerma, hágalo.

Además, la fiebre en sí misma no representa un peligro para tu hijo. El cuerpo del pequeño, nunca permitirá que la fiebre se eleve lo suficiente como para hacerse daño o causar daño cerebral, Solo si tu hijo está sufriendo un golpe de calor encerrado en un automóvil caliente en julio, por ejemplo, puede calentarse lo suficiente como para causar la muerte.

Fiebre
Fiebre
3- Algunos niños predispuestos (4%) pueden tener convulsiones por fiebre, pero el tratamiento de la fiebre no evita estas convulsiones. Nunca se deberían dar medicamentos para bajar la fiebre con este propósito.

Estos se denominan convulsiones febriles.

Las convulsiones febriles pueden ser hereditarias y generalmente ocurren entre los 6 meses y los 6 años de edad. A menudo, ocurren con el primer pico de temperatura de una enfermedad, antes de que los padres se den cuenta de que tu hijo tiene fiebre.

Aunque da miedo presenciarlas, las convulsiones febriles no causan daño cerebral. Y ningún estudio ha demostrado que la administración de medicamentos preventivos para reducir la fiebre disminuya el riesgo de sufrir una convulsión.

Sin embargo, si tu hijo tiene una convulsión, debe ser examinado por un proveedor de atención médica, incluso si cree que fue una simple convulsión febril.

4- Hay que tratar los niños febriles sólo cuando la fiebre se acompaña de malestar general o dolor.

El ibuprofeno y el paracetamol tienen la misma eficacia para tratar el dolor y su dosificación debe realizarse en función del peso del niño y no de la edad. La combinación o alternancia de ibuprofeno y paracetamol no es aconsejable.

5- El uso de paños húmedos, friegas de alcohol, desnudar a los niños, duchas, baños… para el tratamiento de la fiebre está desaconsejado.

Mucha gente se preocupa por la fiebre y abundan los remedios caseros para bajar la temperatura. Una sugerencia que ha circulado durante años: frotar la piel con una esponja con alcohol isopropanol aliviará la fiebre.

No sólo tratar la fiebre no es crítico a menos que suba demasiado, sino que este supuesto remedio es ineficaz y peligroso.

Cuando se aplica sobre la piel, el alcohol isopropílico se evapora rápidamente. Eso provoca una sensación refrescante que podría ser un alivio bienvenido cuando se siente miserable con fiebre.

Sin embargo, ese enfriamiento rápido es parte del problema con este remedio: enfría la piel demasiado rápido, lo que puede causar escalofríos y hacerle temblar. Eso le indica al cuerpo que tienes demasiado frío, lo que hace que suba aún más el termostato interno.

Además, enfriar la piel no hace nada para bajar la temperatura corporal central, por lo que proporciona comodidad temporal en el mejor de los casos. Si alguien se siente realmente incómodo debido a la fiebre, los médicos recomiendan un baño tibio (no frío), sin alcohol, para brindar alivio a corto plazo.

6- No abrigar ni desnudar demasiado al niño con fiebre.

Puedes intentar ponerlos con ropa más fresca pero no los desvistes por completo o ponerles más ropa dependiendo de si sienten calor o frío. Mantenlo hidratado al continuar amamantando, dándoles biberón u ofreciéndoles agua.

No desnudes a tu hijo ni lo frote con una esponja para enfriarlo; una temperatura alta es una respuesta natural y saludable a la infección no los cubra con demasiada ropa o ropa de cama.

7- El niño con fiebre debe estar bien hidratado. Hay que ofrecer frecuentemente líquidos y procurar que éstos tengan hidratos de carbono.

Todos perdemos algo de agua corporal todos los días en nuestro sudor, lágrimas, orina y heces.

El agua también se evapora de la piel y sale del cuerpo como vapor cuando respiramos. Por lo general, reemplazamos este líquido corporal y las sales que contiene a través de nuestra dieta habitual.

A veces, los niños pierden grandes cantidades de agua y sales. Esto puede suceder cuando tienen fiebre, diarrea o vómitos, o durante largos períodos de ejercicio con mucha sudoración, también algunas enfermedades pueden dificultar la ingesta de líquidos.

Si no pueden reemplazar el líquido que se ha perdido, los niños pueden deshidratarse.

Enfermedad
Enfermedad
8- No es aconsejable el uso de paracetamol o ibuprofeno tras la vacunación para prevenir las reacciones febriles o locales.

Si bien los analgésicos antipiréticos se utilizan ampliamente para mejorar las reacciones adversas a las vacunas, su uso se ha asociado con respuestas inmunitarias atenuadas.

Los analgésicos antipiréticos se utilizan ampliamente en el momento de la vacunación para aliviar la fiebre y el dolor.  Se ha demostrado que disminuyen la reactogenicidad de la vacuna, y hasta hace poco no se han asociado con una disminución de la inmunogenicidad de la vacuna.

Demostraron que, si bien la profilaxis con acetaminofén (paracetamol) redujo significativamente la fiebre después de la vacunación infantil de rutina, simultáneamente mitigó la respuesta inmune a varios antígenos de la vacuna.

9- Ni la cantidad de fiebre, ni el descenso de ésta tras administrar ibuprofeno o paracetamol sirven para orientar sobre la gravedad de la infección.

Infecciones, conectivopatías y neoplasias son las principales causas de FOD, siendo las primeras las responsables de aproximadamente la mitad de los casos en Pediatría. A mayor duración de la fiebre y mayor edad del paciente, menor probabilidad de etiología infecciosa y mayor de conectivopatía o etiología tumoral.

La mayoría de las fiebres son provocadas por infecciones virales comunes que desaparecen solas, tales como el resfriado común. A veces, puede ser causada por algo más grave, por ejemplo, una infección del oído, la vejiga o los riñones.

10- Debes vigilar signos de empeoramiento clínico y consultar con carácter urgente si tu hijo presenta:
  • Manchas en la piel, de color rojo oscuro o morado, que no desaparecen al estirar la piel de alrededor.
  • Decaimiento, irritabilidad o llanto excesivo y difícil de calmar.
  • Rigidez de cuello.
  • Convulsión o pérdida de conocimiento.
  • Dificultad para respirar, se marcan las costillas y se hunde el esternón, se oyen como silbidos cuando respira, respiración muy rápida, agitada, etc.
  • Vómitos y/o diarrea persistentes o muy abundantes que causen deshidratación lengua seca, ausencia de saliva, ojos hundidos, etc.
  • La orina es escasa.